AVANCES DE INVESTIGACIÓN

 

Grado:   Actualmente cursando el cuarto semestre de la Maestría en Cuerpo y Salud

Título:   Bioenergética: Un camino para reencontrarse con la vida.

Autor:    Mijussa Yeline Colin Lugo

Ciudad:  Teotihuacán, Estado de México

 

Abstract:

¿Para qué buscar un reencuentro con la vida?

Este proyecto surge de una inquietud simple, ¿qué está ocurriendo con la salud, la vida y el cuerpo? Biológicamente, las explicaciones están dadas, fisiológicamente también, diversas ciencias han mostrado aproximaciones interesantes al respecto; en el trabajo corporal realizado con los pacientes, ninguna de estas respuestas resolvía la inquietud.

Observar las distintas manifestaciones en los estilos de ser, pensar, actuar, expresar y moverse en las personas, me llevó a identificar la vida que fluye en el interior y cómo ésta, dependiendo de los actos cotidianos, se deteriora o se preserva.

Reencontrarse con la vida cobra sentido en el momento en uno despierta agotado, con la mirada ausente, distraído, malhumorado, cuando desconoce el origen de ese malestar. El cuerpo sumergido en ese movimiento arrítmico, abre la necesidad de buscar algo, lo que sea, que permita sentirse bien, tranquilo, en paz e incluso feliz.

Así llegué a bioenergética, con sensaciones que no podía explicar pero que en el fondo me llevaban a hacer algo para mí. Las respuestas parecían inalcanzables cuando tras navegar de un lugar a otro la respuesta parece un acuerdo común; el estrés, la gastritis, el insomnio, los dolores de cabeza, esa sensación de querer correr lejos sin mirar atrás, no tenían respuesta ni alivio en las pastillas recomendadas. Había que hacer algo y de ahí partí.

La búsqueda le llega a cada uno en la etapa en que algo se detuvo, sea una relación, una pérdida, un trabajo, la salud, cualquier cosa que siendo segura desapareció o dejó de llenar el vacío de pronto. El movimiento se detiene al exterior, la vida se frustra, pero el cuerpo no deja de moverse; pareciera que la vida se detiene, que se pierde el deseo de vivir, las ganas de hacer y cuando la luz titila las respuestas llegan, en este caso, la respuesta dirige hacia una práctica corporal.

 

En la búsqueda… me di cuenta que estoy vivo

En este proyecto se utilizó la Bioenergética. Esta práctica permite transformar el cuerpo desde el interior y muestra su evidencia exterior sin mayor recelo, es un camino con diversas bifurcaciones; abarca desde lo remedial, lo expresivo, la relajación, el soltar, el gritar o llorar, hasta reír al darse cuenta que se está tieso por falta de movimiento. La intensidad y el efecto de la misma son particulares y dependen de las experiencias y niveles de desarrollo personales.

A lo largo de 16 sesiones, se inicia un recorrido, que abre la posibilidad de encontrarse a sí mismo en la condicionalidad corporal, para después descubrirse ajenos a la propia vida y terminar por darse cuenta que, efectivamente, se está vivo. La oportunidad de observar cómo la actitud de los participantes se modifica con el paso de las sesiones, fue determinante para buscar en lo profundo del cuerpo qué era lo que realmente se movía.

Iniciando en el origen de la vida, la relación con mamá y papá, la mayoría con rencillas, reclamos, abandonos y frustraciones insertos en el cuerpo, lloraban con amargura el ser ingratos; algunos reconocen que es tiempo de soltar y de reconciliarse; otros lo miran todavía distante, pero todos vacían aquello que nunca salió del corazón, para ello se está ahí.

A partir de este momento las expresiones cambian, la postura corporal se desestructura y comienza a reordenarse, desde el que no saluda, el que es gandaya con el espacio, el que suspira y hace muecas ante la intolerancia por el proceso del otro; y hasta el amable, sonriente amigo de todos. La vulnerabilidad se presenta y permite darse cuenta que el otro ha sufrido como yo y que busca la mejor manera de enfrentar ese sufrimiento.

Así se encuentra en un espacio pequeño y breve la vida, aquella que dejó de ser atendida cuando las emociones aterrorizaron y amenazaron la condición social, el estatus o la postura laboral, familiar, afectiva. Los sentimientos se hicieron cada vez más complejos y, entre toda esa elaboración, las actitudes y las acciones llevaron a la destrucción de proyectos, relaciones, construcciones y caminos trazados con el paso del tiempo.

 

Y se expresó la vida…

La mirada, la postura, la voz y la armonía brotan en la vida cotidiana. Los testimonios recorren el trabajo, la casa, las relaciones, las elecciones, los encuentros, los espacios en soledad. Sentir que hay algo más, en el interior, que sólo fluye, que se expresa y se mueve a través de cada cuerpo; el propio y el de junto. Hay alguien más a mi lado y ese alguien forma parte de mí, ahora lo veo.

El deterioro de las relaciones humanas se manifiesta en el deterioro de la salud; los procesos crónico-degenerativos que acaban con la vida de niños y adultos; hombres y mujeres; se expresa cuando no existe la capacidad de hablar, se ha olvidado el sentir. Y aparece el asombro, cómo puedo ser así, en qué momento me perdí, qué hice mal… es hora de tomar decisiones y cambiar.

El deseo de ser feliz, ser alguien, tener algo o ser reconocido aparece en el testimonio de vida de las personas que, con generosidad, compartieron por medio de las historias de vida lo que encontraron al iniciar una práctica corporal. Algunos resolvieron el pasado, otros el presente, algunos tomaron decisiones para mejorar su futuro y se reconciliaron consigo mismos. El perdón, la culpa, el miedo, el dolor, la incertidumbre salieron a la luz y había que hacer algo.

 

De terapia a práctica de vida.

La responsabilidad, cada vez mayor, llevó a indagar los distintos niveles del cuerpo, desde la modificación de postura – de la cual hicimos registro fotográfico-; el olor, el color de la piel, la pureza de los ojos, la desaparición y el surgimiento de síntomas, testimonio tras testimonio se expresaba el movimiento interior. La bioenergética como práctica corporal bulle en las células, en los tejidos, los órganos y por tanto las emociones, los aparatos y los sistemas, el cuerpo en unidad vibrando.

Con la práctica corporal se escucha al cuerpo y, aplicándola en periodos breves de tiempo, es posible encontrar respuestas en el interior para reconciliarse, agradecer y fluir. Si durante 4 meses algunas personas encontraron respuestas, caminos, relajación o soluciones y otras se reencontraron con la vida; realizarla cotidianamente debe impactar en la vida. ¿Qué lleva a que las personas, pese a lo ya vivido, se mantengan en la práctica o se alejen y vuelvan otra vez en crisis? es la razón por la cual en este proyecto se está buscando una propuesta distinta.

Para realizar propuestas de intervención y de prevención en salud es necesario conocer el contexto, la historia, la cultura, todo aquello que lleva a cada uno a elegir tal o cual cosa, a expresar de tal o cual manera o a ser como son. Un bagaje preciso donde las personas se encuentren puede abrir la pauta al reencuentro con la vida, al cuidado de la misma y a la preservación del entorno en que se habita construyendo relaciones humanas sublimes, trabajando en cooperación y siendo compasivos con los demás.

Esta investigación, aún no concluida, está buscando dar respuesta a la pregunta inicial, haciendo uso de lo ya establecido y buscando una aproximación distinta a la lectura de la vida, de las prácticas, de las propuestas de prevención de los modos de intervención vigentes en la actualidad.

La posibilidad de abrir una brecha en la mirada del cuerpo, donde lo que se observe se articule con lo que se vive y lo que se vive se mimetice con lo que se decide hacer, dará un pequeño panorama para la prevención de la salud en México en futuras generaciones, siendo un compromiso que los trabajadores de la salud debiéramos asumir… el trabajo apenas empieza.

 

 

 

Grado:   Actualmente cursando el cuarto semestre de la Maestría en Cuerpo y Salud

Título:   El proceso de construcción corporal del Alzheimer. Las rutas de la pérdida de memoria cerebral están en la memoria corporal.

Autor:    Marcelo Marquis Salinas-Beristáin

Ciudad:  Teotihuacán, Estado de México

 

Abstract:

Alzheimer; problema social, problema teórico

El Alzheimer continúa siendo –en gran medida- un misterio para los médicos, por lo reciente de su identificación y por la dificultad que representa la exploración de los procesos cognitivos y del sistema nervioso; todavía no se descubren sus causas concretas. Es una enfermedad relativamente nueva, rara y crece en forma alarmante. En el mundo hay cada vez más adultos mayores; se calcula que en 2030 duplicaremos esa población en México y que para 2050 habremos pasado de 35 a 115 millones de personas afectadas con Alzheimer en todo el globo. Hoy, 2 millones de personas la padecen en México, con una incidencia cien veces superior a la del cáncer de mama.[1]

 

La investigación en torno al tema es tan creciente como el problema mismo. A pesar de que abundan primordialmente las investigaciones científicas en torno a la función de determinados elementos químicos que puedan incidir en la evolución de la enfermedad, cada vez sabemos de más esfuerzos por integrar lo psicológico, lo familiar, lo cultural y lo social como factores útiles para analizarla y atenderla. Sin embargo, aún no aparece una mirada que integre dichos aspectos como agentes formativos del proceso de construcción corporal del Alzheimer; una teoría integrativa y que escape a la epistemología que conocemos comúnmente; una teoría de la complejidad en torno a lo corporal que incluya las esferas de lo histórico, lo social, lo cultural, los imaginarios, las relaciones, las migraciones, las emociones, la alimentación y el trabajo en y con el cuerpo.

 

La realidad corporal está conformada por una multidimensionalidad; es una manera de ver al cuerpo como un paisaje, como un todo conectado con el resto del universo, como un microcosmos en resonancia con un macrocosmos, por lo que la barrera entre adentro y afuera se diluye: se establece una unidad tanto teórica como práctica y metodológica para estudiar y vivir el cuerpo. Esos universos se entremezclan, se cruzan y, junto con procesos de índole social, familiar, política y ambiental, son todos agentes que pueden influir en el proceso de construcción del padecimiento.

 

El proceso de construcción corporal

Suena absurdo decir que el cerebro está separado del resto del cuerpo; sin embargo, la división entre mente y cuerpo está bien implantada en las psiques occidentales. Aristóteles ponía la semilla del culto al cerebro por sobre el resto del cuerpo y las emociones, al otorgarle los papeles de residencia del alma y rector de lo relativo a la consciencia, los sentidos y la razón, timón, ésta, del positivismo, que durante los últimos 200 años haría del análisis y de la fragmentación sus ejes para comprender y explicar el mundo y el cuerpo. Hemos vivido siglos de un cefalocentrismo que niega la unidad del cuerpo con el cerebro y con el resto del universo. En el ajetreo de la vida moderna en occidente, el acento, respecto de la demencia y la pérdida de memoria, pero también en cuanto a los objetivos de vida, se ha puesto en el cerebro, en los procesos racionales y en los recuerdos. Quizá, en parte, la enfermedad y el miedo que genera la posibilidad de padecerla provengan del gran peso que asignamos a dichos procesos racionales del pensamiento.

 

Para clarificar el panorama, hay que entender que la memoria corporal incluye las memorias celular, mental y emocional. Así como estas memorias se encuentran en el cuerpo y pueden o no estar en armonía, también hay una memoria artificial formada por construcciones sociales e ideológicas de toda índole: desde nuestra forma de relacionarnos con la materia, hasta políticas gubernamentales, pasando por dogmas morales religiosos o por la basura difundida masivamente como espectáculo o arte.

 

El pensamiento no regulado conlleva estragos en el cuerpo, el cual puede tener respuestas de defensa o ataque al cerebro. Pareciera que se manifiesta una lucha interna entre órganos, sensaciones y emociones. Mente y cerebro son permanentemente influidos por el cuerpo y viceversa, en una relación en la que las emociones viajan dentro, afectando a los órganos o instalándose en ellos, que parecen negar -a la larga- ciertos elementos al cerebro, orillándolo a desintegrarse o autoconsumirse.

 

Esta disputa interna entre órganos tiene relación con desequilibrios en los entornos históricos, culturales, sociales, familiares, ambientales, emocionales y de hábitos con el cuerpo. Depende de cómo viva la persona, con qué cultura, con qué actitudes. Son procesos construidos entre el entorno familiar, geográfico, cultural y social que el individuo recibe, y las maneras en las que el cuerpo se defiende y establece relaciones orgánico-emocionales en su interior, a fin de adaptarse a condiciones no propicias para la conservación de la vida en armonía.

 

El problema metodológico

Esta investigación se concentra en conocer las múltiples circunstancias que pueden incidir en la construcción de rutas y relaciones en el interior de los cuerpos de 15 pacientes mexicanos entrevistados para conocer sus historias de vida. No ha sido fácil tratar de reconstruir la vida de personas que bien pueden recordar muchas cosas o ninguna; por eso fue necesario echar mano de los testimonios de los familiares: muchas veces de la pareja, pero también de hijos y/o hermanos. Se trata de historias de vida no convencionales, pues están formadas desde distintos ángulos, desde diferentes historias de vida; desde convivencias. Es como una arqueología de la vida de la persona. Una multirreferencia en torno a una misma historia de vida.

 

Avances de la investigación

Es frecuente encontrar una alimentación deficiente, basada en proteínas animales, carbohidratos, azúcares y alimentos procesados, al menos durante la etapa adulta. Esto es acompañado por la falta de alguna rutina para ejercitar el cuerpo, lo que acarrea falta de oxigenación, mal manejo de la ansiedad, y otros problemas de salud.

 

Posibles situaciones de gran impacto para la persona: hechos traumatizantes (accidentes, pérdidas, abusos, abandonos, o enfermedades graves inmovilizantes). Esto puede llegar a tener relación con una pérdida de la alegría de vivir, con un alto nivel de infelicidad, reclamos y resentimientos; pero también con algo que puso en amenaza a la vida o una pérdida muy dolorosa, que suele conllevar una sensación de fractura emocional interna y miedo.

 

Además, quienes padecen Alzheimer suelen ser personas que asumen una gran responsabilidad sobre sus vidas y las de otros –en la familia nuclear o la de los padres. Es una especie de compulsión por satisfacer necesidades o resolver problemas de los otros, o tener que trabajar sin descanso para su manutención.

 

Las emociones prevalecientes son la ansiedad, la tristeza, el enojo y los temores y, a la vez, una recurrente falta de expresión de estas emociones y de los afectos: la persona suele guardarse todo. Los sabores dominantes son el salado, el dulce y el picante, lo cual concuerda con las emociones mencionadas y hace pensar que hay una relación en conflicto interno que atañe a la dominancia de riñón a hígado e involucra al resto de los órganos (en la teoría de los 5 agentes de la medicina tradicional china): bazo-páncreas, pulmones y corazón. Hay un desbalance generalizado en el que, al parecer, el cerebro es el que sufre el mayor deterioro, a pesar del lugar privilegiado que ocupa en el imaginario moderno.

 

La propuesta

Lo que a pacientes, familiares y profesionales de la salud nos interesa es -además de la prevención, claro- que los individuos puedan enfrentar el padecimiento con la mejor calidad de vida posible; esto implica una atención integral. Como tratamiento específico, sabemos que acupuntura, musicoterapia, aromaterapia, terapia con mascotas, con niños y terapia sensorial tienen buenos resultados.

 

Posibles medidas preventivas son: un ajuste de la dieta donde ahora abunden vegetales y frutas, y se limiten harinas, azúcares, lácteos y alimentos fritos y procesados; y una práctica corporal de autocultivo: ya sea nadar, correr, escalar; o practicar yoga, artes marciales o meditación. Esto ayudará a regular el pensamiento excesivo, apaciguar las emociones y reordenar la red de relaciones entre los órganos. La idea es construir un refugio interior y liberarse de las memorias que obstruyen el libre flujo de energía y vida en el cuerpo, para procurarnos una vejez plena de salud emocional, física, mental y espiritual.

 

 

[1] Datos tomados de notas en La Jornada, 26 de junio de 2007; y Boletín Nº 5450 de Comunicación social de la Cámara de Diputados (20015).

 

 

 

Grado:   Actualmente cursando el cuarto semestre de la Maestría en Cuerpo y Salud

Título:  El espíritu en el cáncer de mama: un mensaje para aprender a vivir.

Autor:    Blanca Estela Medina Zúñiga

Ciudad:  Teotihuacán, Estado de México

Abstract:

El verdadero significado de nuestra pequeña existencia
 yace en saber valorar el corazón cuando se ha sobrepuesto a la vida y a la muerte,
 a la luz y a la oscuridad, a la iluminación y a la ilusión, a “uno mismo” y a “otros”.
Cuando uno se ha sobrepuesto a la contrariedad de la dualidad,
eso es la espiritualidad.”
Hozumi Gensho Roshi

 

El amor crea la vida, la alianza de dos seres que conforman una nueva vida es un acto de entrega y renuncia que  implica dejar de lado el egoísmo y la lucha, por eso se dice que la unión de dos personas es tan sublime que permite que la vida se exprese en un nuevo ser. La vida surge de esa conjunción donde hombre y mujer son uno solo, Ometéotl[1], permite que la creación se manifieste en la condición humana; no obstante, aunque la vida se expresa en las personas, la humanidad en ellos es una circunstancia que tiene que construirse día a día.

Un ser humano se erige, a través de las acciones que realiza y las decisiones que toma; estos actos pueden estar a favor o en contra de la vida, muestra de ello son el desarrollo de procesos de enfermedad que la merman y que traen consigo dolor y sufrimiento no solo a quien los padece, sino también a las personas que están a su alrededor; no obstante, las enfermedades traen consigo mensajes que pueden ayudar a cambiar la condición humana actual.

¿Qué mensaje puede traer consigo una enfermedad que causa dolor y muerte?, ¿Qué hay detrás de un padecimiento crónico degenerativo o un cáncer?, ¿Por qué se presentan estas enfermedades cada vez con más frecuencia en los seres humanos? Son algunas de las preguntas que se plantearon en la presente investigación acerca del cáncer de mama; padecimiento que en la actualidad es una de las principales causas de muerte en mujeres de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyos reportes indican que cada año se detectan 1.38 millones de nuevos casos y fallecen 458 mil personas por esta enfermedad.

El desarrollo de un cáncer no solo es la expresión de un problema a nivel físico, como se ha abordado desde el enfoque biomédico, también es la concreción, en el cuerpo, de un problema a nivel emocional y espiritual que está relacionado de manera estrecha con las condiciones de vida que existen en la actualidad; por eso se habla de una construcción corporal, ya que las formas de vida, la alimentación, las relaciones familiares, así como el entorno cultural y social  tienen una gran influencia en la aparición, desarrollo y tratamiento de este y otros padecimientos.

El cáncer de mama se vislumbra como un proceso que trae consigo mucho dolor; donde las carencias tanto económicas como emocionales de las que dan cuenta las mujeres que fueron entrevistadas, son reflejo de un entorno social marcado por la desigualdad y la competencia que caracteriza a las sociedades modernas. La individualidad que se genera en estas sociedades hace que algunos sectores de la población sean más favorecidos, trayendo consigo relaciones de poder que someten a otros a condiciones de pobreza, las cuales producen mucha ansiedad y frustración, impactando no solo la estructura familiar sino también al cuerpo de sus integrantes.

El sistema inmunológico crea mecanismos de defensa para proteger la vida cuando esta se ve amenazada constantemente, el desgaste físico y emocional lleva a generar medidas extremas para protegerse, los órganos se desequilibran para poder contener las respuestas del cuerpo y pueden perder su sentido de cooperación; esta ruptura atenta contra el principio de vida y es entonces cuando la enfermedad se detona.

En las historias de 15 mujeres entrevistadas, se muestra cómo sus cuerpos han sido mal alimentados, sometidos a estrés constante y a situaciones precarias ante una economía que no alcanza para vivir, son mujeres que trabajan desde muy pequeñas para ayudar a sus familias, hijas de padres que emigraron del campo a la ciudad con la esperanza de una vida mejor que, al final, no fue sino una ilusión; lo que les produce mucha tristeza y ansiedad, emociones que se ven reflejadas en la preferencia que tienen por el sabor dulce y en la recurrencia de enfermedades en las vías respiratorias.

Las carencias afectivas de estas mujeres, consecuencia de la ausencia de sus padres, dan cuenta de un vacío que se produce desde la infancia. No hay refugio ni lugar para arraigarse a la vida, pero si mucha tristeza y soledad, condición que las lleva a buscar afecto a través del dar. Son mujeres que han aprendido a darse a los otros y en ese acto encuentran un poco del amor que necesitan, por eso se convierten en las madres de sus hermanos menores, en las hijas que ayudan siempre y en las esposas que aguantan todo con tal de obtener una caricia o un poco de cariño.

Esta entrega las lleva a olvidarse de sí mismas, se pierden en las demandas y abusos que se dan muchas veces al interior de sus familias, son agredidas, maltratadas y humilladas, pero toleran todo a cambio de un poco de lo que ellas creen que es el afecto, sin saber que esta condición las lleva a enfermar.

Al ser diagnosticadas sufren nuevamente un golpe que las deja en el total desamparo, los servicios de salud no son suficientes ni adecuados para atender su condición, los tratamientos que les son administrados son muy agresivos para un cuerpo cansado y malnutrido, algunas son constantemente  lastimadas con pronósticos que parecen sentencias de muerte, juicios que dan cuenta de la falta de sensibilidad y humanidad que existe en los servicios médicos ante el desconocimiento del proceso de vida de las personas.

Las emociones toman un lugar muy importante en el proceso de sanación, pero aún se niega su relevancia y pocas veces se consideran como parte de los tratamientos, no obstante, son precisamente éstas las que pueden ayudar a sanar el cuerpo cuando se admite su expresión. Aprender a soltar los resentimientos y reclamos y a fluir con las situaciones que se presentan es una alternativa que puede ayudar a que el cuerpo se reequilibre. En algunas mujeres, se puede ver que ante estas condiciones, logran encontrar que su vida es importante y que más que darse a otros tienen que aprender a amarse y darse a sí mismas, encuentran el mensaje que el cáncer trae a sus vidas, enfrentan con valor el dolor y permiten que el proceso se dé sin oposición ni lucha. Ellas pierden el pelo por la quimioterapia, pero no las ganas de vivir, sus miradas cambian cuando se permiten llorar y expresar el dolor que las ha acompañado durante mucho tiempo, se permiten amar a otros y recibir el afecto que necesitan y con ello aprenden a agradecer tanto las cosas buenas como las malas; cual ave fénix[2], renacen de las cenizas y, entonces, pueden mostrar un cambio ante su condición de vida. Toman la decisión de vivir sin tanto dolor, sin resentimientos, ni reclamos, simplemente vivir el tiempo que les sea posible y en esa renuncia, aun estando al borde de la muerte, la vida se expresa, trayendo consigo una fortaleza que les permite enfrentar su enfermedad y los tratamientos que les son administrados.

En estas condiciones se revela la espiritualidad. Tras la enseñanza del cuerpo, ellas aprenden a valorar sus vidas y la de otros; en ese contacto con el dolor y el sufrimiento humano se descubren más humanas y aprenden a compartir sus vivencias con otras mujeres, creando un vínculo más allá de la filiación familiar que les permite recibir el afecto que necesitan, mostrando que los cambios y a veces las crisis permiten trascender la condición humana.

Formarse como ser humano es aprender a verse uno mismo y valorar lo que se tiene. Cuidar de los otros implica también el cuidado de la Vida y ese es el mensaje que se recibe ante la enfermedad. Cuidarse es amarse y, solo así, podemos amar realmente a otros, recuperando el principio de cooperación que nos une como seres vivos. Abordar la cuestión espiritual en la condición humana es una emergencia dentro de las sociedades actuales donde la muerte está cada vez más presente y donde el espíritu siempre puede manifestarse logrando perpetuar el ciclo infinito que es… la Vida.

Contacto: Lic. Blanca Estela Medina Zúñiga blancuchismed@hotmail.com

[1] Ometéotl (en náhuatl: ometéotl, ‘dos dios’ ‘ōme ‘dos’; teō-tl, dios’) en la mitología mexica es el dios de la dualidad; se puede traducir como  Ometecuhtli (en náhuatl: ometecuhtli, ‘dos señor‘ ōme ‘dos’; tecuhtli, señor’) y Omecíhuatl (en náhuatl: omecihuatl, ‘dos señora‘ ōme ‘dos’; cihuatl, señora’)  Señor y Señora de la dualidad, implicando un solo dios de carácter dual llamado Ometéotl.

[2] El mito del ave Fénix, alimentó varias doctrinas y concepciones religiosas de supervivencia en el más allá, pues el Fénix muere para renacer con toda su gloria. Según el mito, poseía varios dones extraños, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas, fuerza descomunal, control sobre el fuego y gran resistencia física. El Fénix ha sido un símbolo del cuerpo físico y espiritual, del poder del fuego, de la purificación, y la inmortalidad.